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COMO VIVIMOS EL BROTE PSICÓTICO DE NUESTRO HIJO

Actualizado: 14 jul 2021

“Brote Psicótico”

Viernes 20 de noviembre del 2015

Estamos en casa mi hija Marcela y yo, es viernes por la tarde y ya son las 7:00 p.m. Están empezando a llegar a la casa de sus trabajos Ricardo mi marido, Jessica mi hija, y al final llegó Ricardo mi hijo. Esto me extrañó porque llegó casi una hora más tarde de lo que comúnmente hacía del trabajo a la casa. Además se veía muy acelerado, comportamiento que me llamó la atención ya que por lo general llegaba muy tranquilo a la casa.


Estábamos mi marido y yo en la cocina, para ver que preparábamos de cenar. Entonces se acerca Ricardo y nos cuenta que en el camino se le acercó una patrulla de motocicleta y estuvo muy cerca de su coche. Que al llegar a un entronque había una patrulla detenida. Que entonces se hizo a un lado y las dos patrullas desaparecieron. Estaba muy extrañado, por lo ocurrido. Nosotros le dijimos que lo olvidara que ya estaba en casa y que descansara.


Durante la semana nos había comentado que le habían pedido que apoyara en otras oficinas de la misma empresa. Su jefe lo eligió a él y a otro compañero dado a su buen desempeño en el trabajo. De estar manejando cuentas pequeñas de seguros, iba a dar apoyo a las oficinas que tienen cuentas de empresas grandes. Eso lo tenía muy motivado, ya que no era una promoción, pero lo estaban considerando para algo mejor.


Para amanecer el sábado, me fue a despertar muy molesto, ya que la dirección que le habían dado no existía en el mapa de su celular. Me levanté, fui con él a su habitación, le comenté que por la mañana del sábado iba a tener que llevar a Marcela a un entrenamiento de basquet bol y la dirección que él tenía estaba muy cerca de la escuela. Por lo que le dije duérmete tranquilo, descansa, y mañana vienes conmigo y buscamos la dirección.


Ya eran las 7:30 a.m. del sábado 21 y fui a su habitación para ver si estaba despierto, y si, ya estaba listo para ir con nosotras. Fue algo que me llamó la atención, me dio la sensación que no había dormido en toda la noche.


Al llegar a la calle que buscábamos, nos percatamos que la numeración que él tenía no existía, algo que a él le ocasiono mucho enojo. Sentía que lo habían engañado por parte de la empresa. Yo le dije que no viera las cosas de esa manera, “trata de ponerte en contacto con tu jefe o con la persona que te pidieron que te presentaras el lunes y solo asegúrate bien de la dirección”.


Al llegar a casa, estaba mi marido esperándonos para desayunar con él. Ricardo, le comentó que se sentía frustrado de una forma que yo consideraba algo inusual. Él sentía que no le habían dado bien la dirección de las nuevas oficinas y estaba francamente molesto de que le pudieran estar haciendo una broma pesada en la empresa. Entonces mi marido, en su computadora se puso a buscar oficinas de la empresa en San Diego, y encontró las oficinas con el nombre de la calle que Ricardo ya tenía pero con otra numeración. Ricardo había anotado mal uno de los números. Eso lo tranquilizó bastante, desayunamos y ya que estábamos nosotros tres solos en casa nos fuimos a caminar un rato, la mañana estaba hermosa y el clima muy templado.

Por la noche, estábamos viendo un documental de un joven americano, que se fue a filmar con su cámara GoPro la guerra de rebelión árabe en Argelia. El relato mismo de su historia, así como las imágenes que estábamos viendo en el documental, me hacían sentir muy incómoda. Había escenas muy fuertes y crudas de guerra y decidí mejor ir a la cocina a preparar la cena. Entonces Ricardo le dice a su papá que tampoco se sentía a gusto viendo el documental y que prefería mejor estar juntos en la cocina para estar juntos y platicar.


Ya en la cocina, Ricardo fue a su habitación por unas cosas, y al regresar a la cocina le en- trego a su papá una caja con una pipa, marihuana, un aparato para triturarla y unas limpia pipas. En ese momento nos confesó que estaba consumiendo marihuana, que había con- seguido una tarjeta de identificación emitido por uno de los estados de la Unión Americana donde él había estudiado su carrera la cual lo autorizaba a comprar y a consumir la marihuana para uso médico. Así eso lo ayudaba a no tener problemas de consumo y de transportarla.


Nos comentó que ya tenía más de dos semanas de no consumirla, y que nos pedía que por favor nos deshiciéramos de todo eso y nos suplicó que lo ayudáramos a que no la vuelva a consumir. Le agradecimos la confianza que nos había tenido, le dijimos que contaba con todo nuestro apoyo, que iba a tener que manejar mucho la fuerza de voluntad, pero que si él quería lo conseguiría.

Nos platicó como fue su inicio con el consumo. Él tenía un año viviendo en USA, y era el cumpleaños de uno de sus compañeros de dormitorio de la universidad y le pidió que como regalo le acompañara a consumir marihuana ese día. Ricardo dice que en un principio dijo que no, pero que su amigo le insistió y al final de cuentas termino accediendo.


Terminamos de cenar y nos fuimos a descansar, ya era tarde y habíamos planeado ir a la playa temprano por la mañana.


En la madrugada para amanecer domingo, Ricardo nos fue a despertar a nuestra habitación. Cosa que nunca había hecho. Pidió que bajáramos a la cocina y nos quedamos hela- dos. Él no estaba en sus cinco sentidos. Hablaba de una forma irracional, alterado y cambiando constantemente de ideas. Estaba lleno de libros, cds de música, películas, posters, y otras cosas que él tenía y de las cuales nos pedía y autorizaba para tirarlas a la basura, todo esto me está haciendo mucho daño y ya no lo quiero tener conmigo.


Pero, ¿qué está sucediendo? Me preguntaba. ¿Por qué no lo hace por si mismo? ¿Qué le pasa? No esta congruente y es de madrugada. Los escalofríos nos inundaban. ¿Qué le esta pasando a mi hijo? ¿Qué tiene y cómo lo normalizo? El ímpetu de madre salía a curar aquello que lo hacía actuar tan extraño aunque pro-positivo.

Luego nos llevó a su habitación, nos pidió sentarnos en el suelo, y sacó una libreta donde tenía unas anotaciones y nos empezó a leer algo que había escrito durante la noche. Ahí me percaté que mi hijo ya llevaba más de 48 horas sin dormir, en eso se levanta y nos pidió ir a la cocina de nuevo, seguía teniendo un comportamiento muy extraño en el sentido que no había congruencia en lo que hacía, y decía. Ya su conversación no tenía sentido, sus movimientos corporales estaban muy extraños, y preguntaba por la hora cada dos minutos. Mi marido y yo nos veíamos a los ojos sin mencionar cosa alguna, pero estábamos muy asustados. Mi hijo estaba en las nubes y no podíamos hacerlo regresar al mundo real.


Tratamos de convencerlo de que se fuera a descansar, y nos pidió si se podía ir a dormir con nosotros. Le dijimos que sí, se acostó en medio de los dos, como si fuera un niño de 5 años buscando confort después de una pesadilla de terror. Pero la pesadilla apenas se empezaba a desencadenar. Le subí un vaso de agua, ya que me dijo que se sentía total- mente deshidratado. Se lo bebió rapidísimo y me pidió más. Parecía un niño sin voluntad que le pedía a su mamá que hiciera hasta la más minúscula acción. No tenía capacidad de tomar decisión y acción en esos momentos. Yo empecé a darle un poco de masaje en la cara para que se relajara y en momentos se quedaba dormido, nosotros no pudimos dormir nada, estábamos muy desconcertados, asustados y rogándole a Dios que se le bajara el alucine tan intenso que lo tenía fuera de sí.


Conforme iba pasando el tiempo, su comportamiento empeoraba. Con el paso de las horas se percibía que iba perdiendo lucidez de sus ideas y la claridad de sus palabras. Nosotros sentíamos que cada minuto era eterno y que con cada despliegue de incongruencia se re- torcían nuestras mentes y nuestras mismas entrañas con un dolor angustiante y sofocador.

En el momento que amaneció se levantó, para meterse a bañar para irnos a la playa como habíamos acordado. Ese fue un muy breve momento de lucidez que tuvo ese día, pues de forma seguida se desvistió en frente de mi y de su papá, se metió a la regadera y yo baje por su toalla y ropa, mientras mi marido lo atendía.


Mientras se bañaba, se empezó a golpear las manos con el suelo de la regadera y a pegar de gritos.

Yo le dije a mi marido que las cosas no mejoraban y que había que solicitar ayuda. Pero, ¿quién?. Voy a llamarle a Lizette, que es mi amiga psicóloga y preguntarle si ha tratado con pacientes farmaco- dependientes, para ver qué me recomienda hacer.


Ya eran las 8:00 a.m. del domingo 22 de noviembre del 2015, por lo que me atreví a llamarle a Liz, en un momento lo pensé, pero dejé la vergüenza a un lado, necesitábamos ayuda. Me contestó ella inmediatamente, y le comenté todo lo que habíamos vivido durante el fin de semana, me dijo que ese era un brote psicótico, se le hacía raro que sea de solo consumir marihuana. Me dijo asegúrate bien que no haya ingerido alguna otra sustancia, y quedó en llamarme para darme los datos de una clínica muy buena para la rehabilitación de adicciones y alcoholismo.

Colgando el teléfono, bajaron mi marido y Ricardo a la cocina, para ver que desayunaban y yo fui a despertar a Jessica y a Marcela, para comentarles lo que estaba sucediendo con su hermano. Las dos se asustaron mucho, Jessy dijo que iba a hacer unas llamadas a sus amigos de la universidad para ver si sabían qué se podía hacer con un brote psicótico como el de Ricardo.

Aproveché en bañarme, ponerme algo cómodo y ver cómo se desarrollaba el comporta- miento de Ricardo.

Nos seguía para todos lados, se quitaba y ponía la ropa, en ocasiones gritaba y se agar- raba la cara, decía que sentía mucho dolor.

Recibo un mensaje de Liz con todos los datos de la clínica y me dijo ya ustedes decidirán qué hacer. Me la recomendó una amiga que un conocido estuvo ahí internado y se expre- saron muy bien del tratamiento.


A Jessica una de sus amigas le recomendó que comiera plátano y bebiera muchos líqui- dos, porque iba a tener indicios de deshidratación. Por lo que me fui al súper a comprar jugos y plátanos.

A las chicas les pedimos que estuvieran en sus habitaciones, para que no vieran a su her- mano y se asustaran.


Al regresar del súper, le dije a Ricardo que se comiera un plátano, y no sabía ni como pe- larlo, se lo iba a comer con todo y cáscara, hasta que le fui indicando cómo comérselo.

Ya dentro de mi, salió el amor que le tengo y fuera de burlarme o enojarme, con paciencia y mucha tranquilidad, lo estuve acompañando en todo momento.

En varias ocasiones, Ricardo, olvidaba que estaba en la casa y le daba mucho gusto volvernos a ver, nos abrazaba, decía que nos amaba, nos pedía perdón. Luego nos desconocía, al grado de que a su papá le dio un golpe en el abdomen, le tuve que decir es tu papá no le pegues, entonces lo abrazó y pidió disculpas.


En un momento del día, bajó Marcela, y empezó a tocar la guitarra, Ricardo se sentó a lado de ella, y la música lo relajó al grado de que se quedó dormido, durmió un par de ho- ras. Eso nos relajó y pensamos que quizá el brote estaba cediendo, cuando despierta pegando de gritos y llorando, yo me acerqué lo abracé, le dije soy tu mamá, te amo, todo está bien, dime que sientes, y como si no escuchara.


Sentada a su lado y abrazándolo, le dije a mi marido, en la mesa de la cocina están los da- tos de una clínica que me recomendaron, llámales por favor, esto ya se nos fue de nuestras manos. Cada vez está peor, y puede estar más peligroso para todos nosotros el que esté así en la casa.

Subió a nuestra habitación, bajó a los 15 minutos y me dice vámonos, nos van a estar esperando en la dirección que ya tenías.


Entonces con voz tranquila le dije a Ricardo, quieres ir a playas de Tijuana, y me contestó sí quiero.

Nos subimos a la camioneta, yo iba atrás con él, le abroché el cinturón y le estuve agarrando la mano.

Su comportamiento en el trayecto de la casa en San Diego a la Clínica que se localiza en playas de Tijuana, fue de estar observando el camino, y de estar pidiéndonos perdón a nosotros y a sus hermanas.

Al llegar a la Clínica, nos abrieron el garaje, ya nos estaban esperando para recibirnos.


Maria del Carmen Blanco Fernández. (2018). La Adicción de mi Hijo, Dolor, Transformación y Sanación. San Diego : Impresos Galván.




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