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Chivos expiatorios… reflejos de la perversión social y familiar

Actualizado: 6 jul 2021

Delincuencia, drogadicción, alcoholismo, ludopatía, anorexia, bulimia, intentos de suicidio, depresión, fracaso escolar, problemas de comportamiento… se juzgan con altivez e indignación sin tomar en cuenta que sólo están reflejando al sistema en su conjunto.


Parecen ser los únicos equivocados, los problemáticos, los malos a quienes se les carga la culpabilidad, la vergüenza y la violencia de la familia, del país, de la empresa. Son los chivos expiatorios.


Así, el resto de sus miembros pueden mantener sus roles disfuncionales tranquilamente y sin asomo de sospecha, con lo cual se presentan exentos de responsabilidad y libres de la obligación moral de hacer un cambio.


¿Qué significa en Psicología Chivo expiatorio?


Es a partir del simbolismo de este culto que metafóricamente utilizamos en psicología el término chivo expiatorio para denominar al miembro de un sistema como puede ser la familia, el estado, un grupo de trabajo o de amigos, de compañeros de colegio o de instituto e incluso un pequeño grupo de whatsapp, en quien se depositan las agresiones desplazadas y quien carga con todas las culpas del sistema.


El mecanismo es generalmente inconsciente y es muy común en grupos con actitudes punitivas hacia los demás, en donde la sensación de culpa llega a ser desbordante y la rigidez no permite hacerla consciente para elaborarla. Se da en grupos propensos al castigo, ajenos a la autocrítica, a la aceptación de los límites, a la posibilidad de reparación. También en sociedades xenofóficas y llenas de prejuicios sociales contra miembros de otros grupos marginales.


En síntesis, se da en sistemas que prefieren proyectar la culpa afuera antes que asumir la angustiosa expectativa del castigo.


Una persona inocente pero de alguna manera vulnerable, se convierte en el depositario de la agresividad del sistema y en receptor de los castigos proyectados. De ahí su nombre de chivo expiatorio. Su carácter “emisario” se debe a la capacidad que tiene de asumir el rol de actuar los pecados del sistema, quedando así atrapado en su propia trampa y además sin darse cuenta.


El Chivo expiatorio de la Familia


A nivel familiar, que es un grupo social en pequeña escala, se pueden observar claramente las dinámicas que llevan a algún miembro a asumir el rol de chivo expiatorio. Es común que sea algún/a hijo/a o una persona enferma la que deba llevar la carga de las ansiedades del sistema para mantener su equilibrio.


Por ejemplo, nos preguntamos qué pasa con aquel miembro de la familia que fracasa permanentemente en su vida mientras los demás gozan del éxito. Así, en ocasiones, se mantiene el equilibrio en algunos sistemas que guardan ocultas dinámicas e historias muchas veces heredadas de generación en generación.


Otro ejemplo lamentable pero algo frecuente es el de la mujer que ha experimentado un abuso sexual por parte de un miembro de la familia y que inmediatamente o varios años después, desvela su secreto. Pero al contarlo, no sólo se le expresa la desconfianza en la veracidad de su historia sino que además se le trata de loca, paranoica o prostituta, todo con tal de mantener el falso equilibrio, aunque esto suponga en la mujer una depresión, una distorsión en la alimentación o un caos en su vida afectiva.


Sucede también en algunos casos de fracaso escolar o de problemas de comportamiento infantil y adolescente fácilmente adjudicables a causas externas al sistema. Por esto, a veces se ve en las consultas de Psicoterapia a padres y madres llevando a sus hijos con la esperanza de modelar su conducta y sin asomo de intención por revisarse ellos mismos. Algunas veces incluso, cambian de opinión al ver alguna mejoría en su hijo/a y le retiran alegando problemas de tiempo, dinero o disponibilidad.


La función de la Psicoterapia


El/la Psicoterapeuta que cae en esta trampa no beneficia de ninguna manera a la familia. Por el contrario, simplemente ayuda a perpetuar su dinámica perversa. El verdadero apoyo consiste en facilitar que el sistema haga consciente su dinámica y en estos casos los cambios pueden llegar a ser sorprendentes.


Hay un momento en que el conflicto puede y quiere salir del lugar oculto en el que se le ha mantenido y es el momento en que el grupo familiar o la persona que acude a la terapia están preparados para ponerlo en palabras, cuestionarlo y escucharlo.

Es ese el momento en que se puede revisar la dinámica de comunicación y los roles, para así reconstruir la identidad y hacer conscientes los miedos a los cambios que pueda traer un movimiento psíquico tan intenso.


Suelen ser los chivos expiatorios quienes acuden a terapia. Al fin y al cabo, ¿de quién ha sido el problema hasta el momento? El proceso terapéutico puede ayudar a descubrir las razones de su situación más allá del síntoma y desenmascarar los rasgos del carácter que se han ido formando a lo largo de la vida y que ahora aparecen como corazas imposibles de traspasar.


Un día fuiste la víctima, al día siguiente el verdugo. Hoy puedes ser simplemente tú mismo/a en contacto con tus más profundas sensaciones, abrazando el cambio que te espera en el momento menos esperado.




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