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LOS DESCUBRIDORES DE LO BUENO

Este es un tiempo propicio para convertirnos en buscadores de lo bueno y así ser felices nosotros y hacer felices a los demás. Que descubras lo bueno que hay en ti y lo compartas a lo grande. Hace unos años, por medio de computadoras, se hizo un estudio de cien personas, consideradas como muy prósperas en su vida personal y profesional. Se vació en una sofisticada computadora, toda la información disponible acerca de estas personas para investigar lo que dichas personas tenían en común.


¿Cuál es el denominador común del éxito humano?...


Se descartaron la educación y el ambiente, pues la mayoría de ellos (el 70%) provenían de pequeñas poblaciones con menos de quince mil habitantes...


Finalmente se descubrió una cualidad común a todos: cada una de aquellas prósperas personas era un decidido "descubridor de lo bueno". . .


Por definición, “los descubridores de lo bueno” son personas que buscan y encuentran lo bueno en sí mismos, en los demás y en todas las situaciones de la vida. Los descubridores de lo bueno se dan cuenta eficazmente de que Dios, el todopoderoso, ha hecho exclusivamente cosas buenas en ellos. Los descubridores de lo bueno buscan y encuentran lo que hay de bueno en los demás y los afirman con sus palabras. Los descubridores de lo bueno reconocen explícita y agradecidamente la bondad y los talentos de los demás. Finalmente, los descubridores de lo bueno buscan lo bueno en todas las situaciones de la vida. Los descubridores de lo bueno saben que las mejores bendiciones casi siempre nos llegan disfrazadas de problemas. Los descubridores de lo bueno saben que en todo problema se esconde una promesa, que después de la tempestad brilla el arco iris y que después de todo invierno sale el sol.


Dios es el primer descubridor de lo bueno. Un día él vio que en este mundo frío y cruel los gladiadores se asesinaban mutuamente para divertir al pueblo. Dos terceras partes de la humanidad vivían en una deshumanizante esclavitud...


La reacción de Dios fue enviar a su Hijo único a este mundo, no para condenarlo, sino para amarlo y darle la vida.