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MECANISMOS DE SUPERVIVENCIA

Actualizado: 7 mar 2022


Hay situaciones en las que nos vemos sobrepasados por el estrés, ante ello cada uno de nosotros hemos desarrollado un mecanismo de supervivencia.  Éste nos permite manejar en cierta manera la situación que nos sobrepasa. Hay personas que como mecanismo tienden a comer, a fumar, a beber, a ir de fiesta, otros prefieren lanzarse al mundo positivo y repetirse mecánicamente que todo va a ir bien y otros, por ejemplo, se aíslan, se desconectan del mundo, huyen de la situación o toman decisiones drásticas para ver si eso da un cambio total de rumbo a su vida.


Una persona no puede prosperar en un ambiente de estrés. Bien sea éste generado por la familia, los amigos, la pareja, el lugar donde reside o el trabajo si vive un estrés constante se sentirá amenazada, drenada. Para "sobrevivir" a esto muchas veces se utilizan unos mecanismos de defensa. Pero...¿Qué pasa si estos mecanismos que utilizamos van en contra nuestro? ¿Qué sucede si son precisamente esos mecanismos los que nos anclan en la insatisfacción de la que huimos?


En un momento dado de nuestra vida probablemente hubo un evento importante que nos causó un gran estrés. Si en esa situación te sentiste impotente ante los hechos que te creaban ansiedad probablemente buscaste una forma de adaptarte a ellos, de asimilarlos. Ahí es dónde nació tu mecanismo de supervivencia.


Dicho mecanismo probablemente te sirvió en un principio, te ayudó a seguir adelante en un momento de incertidumbre.  No obstante, con los años este modus -operandi puntual se va pegando a nosotros tanto que llega a ser parte de nuestro comportamiento habitual ante los obstáculos de cierta índole. En muchas ocasiones no somos conscientes de por qué surge esta reacción o de si realmente está ayudándonos a conseguir lo que queremos.


Este tema me recuerda al cuento del elefante que de pequeño intentaba liberarse de la cadena que le ataba a una barra. Tras muchos intentos inútiles durante días el pobre animal dejó de luchar asumiendo que era imposible. Al hacerse mayor ese enorme elefante seguía atado al poste temiendo a la pequeña cadena que le amarraba y de la que realmente se podría haber soltado en cualquier momento dada su fuerza de adulto.  Le habían domesticado para pensar que no tenía poder frente a esa situación. Lo mismo nos pasa con el estrés. En un momento dado nos sentimos impotentes ante él y generamos unos mecanismos de supervivencia; pero con los años nos hemos quedado amarrados a esos mecanismos y no nos hemos planteado si esa manera de lidiar con la vida es realmente la que nos ata a la situación de la que queremos salir.


Cuando nos sentimos sobrepasados en vez de analizar cómo cambiar por dentro o cómo ajustarnos nosotros mejor a la situación normalmente recurrimos instintivamente a nuestro patrón. Y ¿ Por qué no lo dejamos marchar? Porque nos hace sentir bien a corto plazo, porque nos da cierta gratificación o porque nos hace creer tener las cosas más bajo control. Al fin y al cabo es más fácil dejar de ver el desencadenante de la situación que mirar hacia dentro.


¿Cómo deshacernos entonces de éstos mecanismos? Tenemos que permitirnos entrar en el ojo del huracán, debemos hacernos amigos del dolor, en vez de intentar sortearlo. Probablemente en su momento no sólo intentamos huir de la situación estresante que tuvimos sino también del dolor que ésta provocaba. El dolor por tanto se convirtió en nuestro enemigo más incluso que el evento en sí.

Ahora cada vez que vivimos situaciones que nos provocan la misma emoción sentimos una amenaza; no obstante el dolor nos trae mucha información. Cuando llegue a nosotros  en vez de rebelarnos y luchar contra él o dejar que nuestro mecanismo actué para escapar es bueno verlo como una campana que nos llama a la reflexión. Él dolor nos invita a meditar, si salimos huyendo y no nos sentamos con él no entenderemos de verdad de dónde viene, ni la mejor manera de transformarlo.


Es de gran utilidad sentarnos a pensar en nuestra manera de actuar cuando nos encontramos ante una situación que nos sobrepasa ¿Qué patrones nuestros se repiten? ¿Puedes localizar tus mecanismos de supervivencia?Si no consigues identificarlos quizá puedas preguntar a esas personas cercanas a ti. Si los ves tomate tu tiempo para reflexionar acerca de los inconvenientes que éstos pueden crear en ti y en los que te rodean. Examina ¿Qué te aportan y qué te quitan? Éste paso es vital para el proceso del cambio interior. Si siempre achacamos todo a agentes externos y funcionamos con patrones de los que no nos damos ni cuenta los eventos se repetirán tomando distintas formas físicas y nuestra desazón interna permanecerá.


Ahonda en tu mecanismo y regresa al momento en el que crees que se pudo originar. Si surgió por un trauma todo pasa por re-integrar ese trauma, por examinarlo ahora desde la distancia y proporcionarte una manera de lidiar con él más saludable.


Reflexiona ¿Qué hay de malo en hacer lo contrario a lo que te ofrece tu mecanismo de supervivencia? Quizá en vez de caer en la negatividad te obligue a apreciar más lo que sí tienes, o en lugar de desconectarte de las personas te invite a comunicarte, en vez de huir a atravesar la situación. Siéntate en silencio e imagínate utilizando el mecanismo opuesto al que usas, eso te hará conectar con alguna molestia interna. Pregúntate cuándo te sentiste así por primera vez y cuándo comenzaste a usar ese mecanismo. Habla con tu niño interior o tu yo del pasado ofreciéndole seguridad y explicándole cómo ese mecanismo no le va a ayudar realmente.


Si una vez que ya conoces cuál es tu patrón vuelves a sentirte usándolo empieza a ser consciente de ello, aunque no lo dejes de lado aún es importante que veas el momento en el que tú


optas por  utilizarlo. Lo importante es que ahora puedes observar tu capacidad de elección. Pasado un tiempo ante esa oportunidad de elegir comienza a tomar la opción de ir en contra de tu mecanismo y a tomar una alternativa. Prueba diversas opciones hasta que encuentres aquella que te beneficie, y que te de felicidad a ti y a los que te rodean.


A lo que te resistes, persiste. Si huyes del dolor, de la confusión, de la ansiedad, de la desilusión.... sólo encontrarás más de eso. Es importante ver los motivos reales de esa emoción en nuestra vida en vez de dejarnos ahogar por ella. Usar nuestros mecanismos para escapar de la emoción que nos  engulle nos hace ciegos a lo que es realmente importante ver.






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